miércoles, 24 de noviembre de 2010

ALGO MÁS SOBRE LA VIOLENCIA DEL TIEMPO

Nueva edición de La violencia del tiempo




Dom, 14/11/2010

Escritor Miguel Gutiérrez sobre nueva edición de La violencia del tiempo. Libro apareció en 1991, mal editado y hasta mutilado en pasajes que se consideraban lesivos a Miguel Grau.
Pedro Escribano
–Tenemos una nueva edición de La violencia del tiempo, ¿es como tú la querías?
–Sí, claro... primero, porque está publicada en un solo tomo. Es una novela única y su publicación en tres o dos tomos incide de alguna manera en la lectura. Ahora, en un solo volumen reafirma su carácter de obra única.  Por otro lado, es importante subrayar que se haya restablecido el texto original. Tú sabes la situación que vivía el país en el momento en que apareció La violencia…, en 1991. De modo que le entregué a mi buen amigo editor Carlos Milla Batres un original, pero que no tenía las últimas correcciones ni añadidos que yo había hecho. Milla Trabajó con ese original y ahí surgió una serie de problemas. Por ejemplo, para referirme al más simple: todos los capítulos estaban subdivididos solo en dos, pero Milla rompió con el diseño al subdividir o fragmentar los capítulos en más; así, uno de estos capítulos apareció con siete subcapítulos. Otra cosa, yo había hecho una serie de subrayados tipográficos que no fueron tomados en cuenta. Otra alegría es que se restableció el texto original. Todos saben la realidad que vivía el país y de alguna manera se vieron involucrados en esta situación. Yo no fui la excepción. Por lo tanto, no pude participar en las pruebas. Yo no tuve el libro hasta el final, hasta cuando estaba editado. Cuando lo vi salté hasta el techo. No era mi libro. Alguien me dijo, no importa, Miguel, lo importante es que haya salido. Ya llegará el momento en que se publique tal como realmente es. Han pasado 20 años para que eso ocurra.
–La polémica fue por las alusiones a Miguel Grau. ¿Cómo ocurrió?
–Una mañana me llama Carlos Milla y me dice que está muy preocupado porque allí hay un texto sobre Grau. Miguel, me dijo, yo no puedo publicarlo así, de modo que te sugiero, te ruego, que reescribas ese texto. Bien sabes que soy extranjero, si yo publico ese texto tal como está sobre Grau, la Marina de guerra puede considerarlo lesivo al héroe, y es capaz de ponerme una bomba o de hacer que me expulsen del país. Probablemente exageraba, aunque por la situación que vivía el Perú no estaba tan desatinado. Yo me negué a reescribirlo porque lo que dije sobre la infancia de Grau era verdad y de ninguna manera infamaba su memoria. Así que le dije: hagamos lo siguiente, deja el texto en blanco y quedará como testimonio de la realidad que vive el país. Y así salió publicado.
–¿Pero eso fue autocensura o realmente había una presión de la Marina?
–No, creo que fue autocensura, por temor, pero un temor que tenía cierto fundamento. Milla tenía un flanco vulnerable por ser extranjero.
–El texto censurado refería la infancia de Miguel Grau…
–Repito: el texto censurado por mi editor no era de manera alguna lesiva a Grau, no tenía por qué serlo. El texto abordaba la infancia de Grau, que era un niño marginado, repudiado, tanto que no se le permitía ingresar a la casa por la puerta grande, sino por la de la servidumbre. Su madre se había casado varias veces y quizá por esos infiernos conyugales terminó por detestar al niño. Según la biografía de Grau, a los 12 años ingresa a la Marina mercante. Fue su refugio.
–Se dice que la familia de Grau era tratante de chinos culíes también.
–Pero eso no estaba en mi libro. Esa objeción hizo la Marina a una biografía sobre Grau. Pero igual, eso tampoco es culpa de Grau. La Marina no debe escandalizarse, al contrario, de esa situación pantanosa surge la gran figura que es. Sí, mi texto aludía a la marginación de la que fue víctima Miguel Grau en los años de su niñez. Y esto no era lesivo al héroe.
–¿En esta novela se puede decir que tú eres un escritor balzaciano?
–Mira, creo que cuando se leyó por primera vez La violencia del tiempo, debido a las circunstancias que vivía el país y por razones ideológicas, fue de manera unilateral. Una lectura muy ideologizada, tal vez guiada por la forma de pensar que se le atribuía al autor. Creo que en ese entonces se habló de realismo social. Mi novela es realista, pero también metarrealista, conjuga lo mágico, lo mítico, lo onírico, lo demencial, pero asimismo tiene una estética que se puede decir social. Ahora espero que la novela se lea con más libertad, con una mente más abierta, otro aspecto que no se tuvo en cuenta fue su dimensión lúdica. Tiene diversos tonos y registros y  si bien pasajes serios, graves, también los hay irreverentes y jocosos.
–¿Afirmas que era una lectura guiada por la ideología del autor? ¿Qué más no se vio en la novela?
–Esta novela es de aprendizaje porque Martín Villar se busca a sí mismo para asumir su identidad. Martín también está aprendiendo a escribir novelas. Es un pichón de novelista, él mismo lo dice. Martín, que tiene 23 años, aspira escribir una novela en la que se cristalice toda la tradición novelística. Hay ecos de Dostowieski,  Tolstoi, Proust, Joyce, Faulkner y, por cierto, de Balzac. Y quiere sacarle todo el jugo al género novelesco. Pero al mismo tiempo esta novela rinde homenaje a los grandes escritores de la novela latinoamericana, como Carpentier, Guimaraes Rosa, Borges o Rulfo. Como ves Martín Villar por esos años estaba completamente loco.
–¿El Perú es un país de rencores?
–El rencor tiene que ver con la condición humana. Como individuos todos estamos expuestos a la pasión del rencor. Pero hay rencores que tienen un origen en la historia de los países. Y en el Perú, por su formación histórica, por el colonialismo, el atraso, las desigualdades sociales, por la exclusión racial,  sobran motivos para que los rencores sean una parte del ser de los peruanos.
Perfil
El escritor. Nació en Piura en 1940. Estudió en la Universidad Mayor de San Marcos. Se graduó con una tesis sobre Todas las sangres, de Arguedas. Ha publicado, entre otras novelas El viejo saurio se retira, Hombres de camino, Poderes secretos, Confesiones de Tamara Fiol, Babel, el paraíso. La nueva edición de La violencia del tiempo es de Alfaguara.
Tema de la guerra y el mercado
–¿Por el tema y por las circunstancias que vivía el Perú, no tuviste que llegar hasta los años de Sendero?
–Hubiera escrito otra novela. Por lo demás los sucesos eran demasiado recientes y me hubiera faltado la necesaria perspectiva novelística. Pero estoy trabajando en ese terrible tema.
–Una pregunta al crítico, ¿qué opinión te merece, cómo se está abordando la violencia de estos años a través de la narrativa?
-Escribí un ensayo sobre la narrativa de la guerra en el Perú. Y se han escrito algunos libros valiosos. Pero también se están dando novelas en las que la guerra interna es tema exclusivamente literario y se le aborda porque puede tener demanda en el mercado del libro. Pienso que todavía deben pasar algunos años para que surjan grandes novelas, que no sean ni apología ni sólo denuncia.   
–¿Qué libro se viene?
–He terminado Una pasión americana y está muy avanzada Se busca a Kymper que junto con Confesiones de Tamara Fiol y Carta de Deyanira Urribarri tiene como trasfondo la guerra de Sendero.

sábado, 13 de noviembre de 2010

CUENTO




LA MALLA OSCURA


…y entonces mi señorita anel vinió y con su voz ronca me dijo despierta marcelita levántate ya es tarde y me jaló de mi mano pero yo no quise levantarme porque quería que me des otro beso aquí en mi mejiya y también porque quería ver tu cara pero mi señorita anel se puso muy seria y me dijo qué dormilona eres chiquita mira qué tarde es a qué hora vamos a llegar al penal y me jaló de nuevo bien fuerte y entonces me desperté y me puse triste triste porque el beso que me habías dado era puro sueño y también lo que me habías llevado en micro a mi colegio y también mi señorita anel era puro sueño porque era mi mamá la que me jalaba de veras para que me levante y tome mi quaquer y las dos venir a verte y entonces ella viendo mi cara me dijo discúlpame hijita que soy muy tosca y yo le dije no mami no estoy llorando porque me jalaste sino por otra cosa y entonces le conté mi sueño que había tenido y que tú me habías dado un beso como siempre te pedía y tú no puedes darme nunca y también le conté que yo te había mirado tu cara pero tú no tenías cara o sea sí tenías pero yo no podía verte porque la malla oscura te tapaba y entonces mi mamá abrió sus brazos así mira… y dijo qué tormento para una criatura y no sé qué más dijo porque en ese ratito la vecina américa que tiene su teléfono tocó nuestra puerta toc-toc toc-toc y dijo señora melania la llaman urgente por teléfono y mi mamá dijo quién será tan temprano ojalá no haya pasado nada malo y salió muy preocupada y más luego regresó muy contenta con su pecho que subía y bajaba así mira… y abrió sus ojos así mira… y también sus brazos y yo corrí y nos abrazamos fuerte pero yo no sabía por qué nos abrazabamos y por eso le pregunté mami por qué estamos muy contentas y ella dijo ay hijita te acuerdas la otra noche cuando te dije voy a ayudar a tu tía carmela porque ella tiene unos problemas en su casa te acuerdas y yo le dije sí mami y me dejates con la vecina américa y mi mamá dijo exacto pero la verdad es que fuimos con tu tía y los demás familiares a ayudar a tu papá y a los compañeros en el penal así dijo y que ahora mi tía carmela le había dicho por teléfono que por fin se había roto no sé qué que era cerrado… ah sí régimen cerrado así dijo mi mamá y me abrazó de vuelta y dijo ay qué alegría te das cuenta hijita por fin vas a ver a tu papá qué alegría pero yo no comprendía nada y por eso le pregunté mami qué régimen cerrado se ha rompido y mi mamá se riyó un poquito así como tú que te has reyido ahora y me dijo no se dice rompido se dice roto y me explicó que ahora la visita ya no iba a ser por locuterio como antes y yo le pregunté mami qué es locuterio y ella se riyó de nuevo un poquito y me dijo no se dice locuterio se dice locutorio y yo le pregunté qué es mami y ella dijo es cuando vamos al penal a ver a tu papá y los policías nos encierran en el cuarto oscuro y feo con hartas mallas de fierro y por el otro lado encierran igual a tu papá y no podemos verlo ni tocarlo eso es locutorio hija y entonces entendí todito todito y recordé esa vez que yo era más chiquita todavía y quise ver tu cara y me subí al asiento de cemento que hay para sentarse y miré y miré por los huecos de la malla pero no vi nada porque todo estaba oscuro oscuro y entonces metí mi dedo para alcanzarte y no te alcancé nada porque mi dedo era muy chiquitito y grité prendan la luz prendan la luz para ver a mi papá y un policía que estaba parado atrás y yo no lo había visto dijo silencio silencio o se acaba la visita y las señoras que también estaban de visita le contestaron oiga vaya a gritar a su casa la criatura quiere ver a su papá o acaso usted no tiene hijos y el policía se calló y le dio vergüenza y ya no dijo nada y entonces grité más fuerte para que me acaricies en mi cara con tu mano y mi mamá me miró y no sé cómo sus ojos tenían una luz en la oscuridad y tú desde atrás me dijites marcela escúchame escúchame pero yo no te hice caso y jalé la malla con toda mi fuerza que tenía pero no la moví nada porque era muy dura y comencé a llorar juerte pero ahí nomás me callé porque mi mamá me dijo marcela acuérdate de nuestra promesa y era cierto porque una vez nos prometimos para no llorar nunca para no darles gusto a los hombres negros con pistola que te trajeron a la cárcel cuando mi mamá todavía me tenía en su barriga y por eso me callé y también porque tú siempre me dices que una promesa se cumple pero mis lágrimas no me hicieron caso y se cayeron solitas por mi cara desde mis ojos hasta el piso y tú de seguro adivinates porque me hablates desde atrás con tu voz que se escuchaba diferente hijita ten paciencia te prometo que pronto vamos a echar abajo estos fierros te acuerdas sí… yo también y cuando me prometites me contenté un montón igualito que me contenté denantes cuando mi mamá me dijo que había cayido ese régimen que era cerrado pero yo no sabía cómo había cayido y por eso le pregunté para que me cuente pero ella dijo en el camino te cuento hija ahora mejor alistamos nuestras cosas para ir donde tu papá y yo le hice caso y nos alistamos rápido rápido riyéndonos muy contentas y salimos a la esquina con la canasta donde hemos trayido tu comida y ahí nomás vino el micro y mi mamá dijo ay qué suerte ahí viene el micro que maneja el vecino serafín él nos va a llevar gratis y no se equivocaba porque el vecino serafín paró su micro muy contento y me dijo hola marcela sube sube pero qué contenta te ves por algo será y yo le dije es que voy a ver a mi papá porque la visita ya es directa y el vecino dijo bravo bravo ya era tiempo caracho por qué tanto odio con esos hombres y diciendo así bajó su voz para que no le escuchen las señoras que estaban sentadas atrás y le preguntó a mi mamá cómo fue vecina melania cuénteme porque en la tele escuchamos que los presos habían tomado yanamayo y castrocastro y estuvimos preocupados con la familia sí y mi mamá también bajó la voz y le dijo sí vecino imagínese fueron cuatro días de pelea porque los compañeros habían tomado los no sé qué… ah sí los pabellones sí así dijo mi mamá y habían subido a los techos con sus no sé qué… ah sí sus banderolas que eran bien grandes y sus pancartas y entonces yo quería decirle vecino serafín yo sé cómo es una pancarta porque una vez con mi mamá fuimos a no sé dónde que era una calle grande grande y en ahí caminamos con nuestra pancarta que era así de este tamañote sí y caminamos con la señora mela que ya es viejita y tiene su nieta y la señora rosita que tiene sus hijos y el tío miguel que tiene su triciclo y varios varios familiares y gritamos fuerte fuerte presos políticos libertad libertad y unos policías que nos miraban amargos dijeron estos son familia de terrucos y yo me amargué mucho porque yo sé que esa palabra es palabra sucia y les grité mentira mentira nosotros somos familiares de presos políticos así como tú me has enseñado muchas veces pero no sé si los policías me escucharon y entonces todo eso quería decirle al vecino serafín pero no le dije nada porque mi mamá le seguía contando sí vecino y fue muy bonito también la pelea porque los familiares apoyamos desde la puerta del penal gritando horas de horas hasta quedar roncas como usted se da cuenta así dijo tosiendo un poquito ojó ojó y que habían peleado duro con los policías porque ellos querían botarlos y habían armado sus no sé qué para dormir… ah sí carpas sí así dijo mi mamá y que había sido gracioso también en una parte porque los compañeros que son mis tíos que viven contigo no sé con qué chancaron y chancaron todo el día los fierros adentro y levantaron harto polvo que había subido al cielo y como nube había tapado todo el penal y que no sé quién que es el dueño del penal… ah sí el director que es un policía también había andado con su cara así mira… como un oso con dolor de barriga y bien agarrado su cabeza había dicho me destruyen mi penal carajo me destruyen mi penal hasta que después de cuatro días el fujimori había formado una comi no sé qué… ah sí comisión así dijo mi mamá al vecino serafín y también le dijo pero usted sabe cómo es el fujimori dice una cosa y hace otra y no podíamos confiarnos pero felizmente denantes una compañera me ha pasado la voz que la visita ya va a ser directa y que los compañeros van a tener más tiempo de patio imagínese después de diez años de encierro y el vecino escuchaba y escuchaba manejando el micro y moviendo su cabeza así… y así… hasta que llegamos y nos bajamos rápido con nuestra canasta y corrimos a hacer nuestra cola muy contentas igual que las otras señoras que también se reían y hacían su cola y peinaban a sus niños y cargaban sus paquetes y sus bolsas y conversaban con su voz que también estaban roncas y decían qué larga está la cola y el tiempo cómo corre hasta que ya entramos y mi mamá me dijo ahora puedes decirle a tu papá que lo quieres mucho y yo le dije mami cómo le voy a decir si nunca lo hey visto y mi mamá se calló y recién más ratito dijo no sé qué me ha entrado al ojo y se limpió con peache su ojo que de nuevo tenía su luz pero luego se sonriyó un poquito y me dijo anda tonta yo te voy a enseñar a tu papá apenas entremos al pabellón y ella no mentía porque cuando llegamos a esa puerta de fierro… mira allá… y entramos aquí al patio tú ya nos esperabas junto con varios varios que son mis tíos y ahí vinites muy contento hacia nosotras y mi mamá me dijo marcela saluda a tu papá pero yo no pude saludar nada porque mis lágrimas cayeron de mis ojos y no me dejaron hablar pero luego ya no lloré porque tú me alzaste para arriba muy alto con tus brazos y a las dos nos abrazaste y nos diste cariños y nos hicites muchas preguntas y nos dijites vamos un ratito parallá y fuimos los tres agarrados de la mano y en ahí donde antes dentrábamos para verte vimos toooda la malla oscura que estaba tirada con su pata para arriba y los fierros que eran como sus brazos que estaban torcidos para el rincón y los alambres que eran como su cabello todo en montonzotes por el suelo y viendo así yo abrí mi boca grande grande recuerdas… y me reyí un poquito he-jé he-jé tapándome la boca para que el policía no me vea y luego ya nos venimos a esta banca para sentarnos y entonces me dijites belleza siéntate aquí en mis rodillas y cuéntame todo y yo empecé a contarte… nada más.

15 de agosto de 2007
Víctor Hernández


viernes, 5 de noviembre de 2010

BOLETÍN Nº 5



El Grupo Literario Nueva Crónica ya puso en circulación su último boletín. Como ya se está haciendo costumbre, al parecer, es anual. Pues este último número corresponde al V año.
En sus páginas encontraremos un poema inédito de Marham, un artículo sobre el arte como instrumento político, un cuento de uno de nuestros integrantes y un poema de una prisionera política invitada.
Mención aparte y de manera especial queremos expresar nuestro agradecimiento al autor del dibujo de la portada de este número, nos referimos al gran maestro y uno, sino el mejor, de los mejores pintores y sobre todo retratistas del país.
El formato se mantiene y por primera vez se incluye una imagen en sus interiores, que a decir verdad, no estaba considerado en su diseño final, sino que resultó de un accidente que tuvo que superarse recurriendo al susodicho dibujo, que nos salvó de un error que hubiera sido imperdonable en su presentación final.

Como siempre esperamos las críticas necesarias.

lunes, 1 de noviembre de 2010

LA VIOLENCIA DEL TIEMPO



El último viernes tuvimos la opotunidad de asistir a la presentación, de la tercera edición, de una de las mayores novelas de la literatura peruana: La violencia del tiempo. Al parecer se trata de la versión definitiva y completa ya que las anteriores tenían vacíos que esperábamos. Es una buena ocasión para volver a leer esta novela, que en mi caso es necesaria, ya que la primera vez tuve una lectura accidentada y propia de los turbulentos años de su primera edición.  

Pero veamos que nos dice su autor en una entrevista que sobre este hecho literario circuló:


Miguel Gutiérrez reedita libro La violencia del tiempo con fragmentos inéditos

Miguel Gutiérrez 
Lima, oct. 29 (ANDINA). Tras dos décadas el escritor Miguel Gutiérrez reedita su libro La violencia del tiempo con fragmentos inéditos, hecho que le ha transportado a los recuerdos y cuya revisión le causo asombro.

¿Cómo se siente con la publicación de La violencia del tiempo casi veinte años después?
- Obviamente, me siento feliz porque las dos ediciones anteriores de mi novela estaban completamente agotadas. Pero sobre todo volver al texto después de tantos años me llenó de asombro y de recuerdos. Me he sentido transportado a los nueve años que duró su gestación y escritura en que el país pasaba por un momento terriblemente crítico de su historia. De modo que la escritura de mi libro se erigió en fortaleza de resistencia a los furores del tiempo en que murió gente de todas las trincheras, entre las que se encontraban seres caros a mi vida. Y además he sentido asombro al tomar conciencia por los poderes de la palabra y la imaginación que en esos años generosamente me concedió la vida.

¿Qué novedades trae esta tercera edición?
- En primer lugar, por primera vez La violencia del tiempo sale en un solo tomo acentuando su carácter de novela unitaria y única. Y lo que es más importante aún es que se ha restablecido el texto original mecanografiado. Como yo me hallaba casi jaqueado por las circunstancias, no pude participar en el proceso de corrección. Mi desaparecido amigo Carlos Milla Batres hizo lo que pudo al trabajar con unos originales que le faltaban las últimas correcciones y añadidos. Se ha restablecido la estructura de los capítulos y de los títulos de algunos de ellos. Y también se ha restituido un texto que mi editor se vio obligado a censurar ante la posibilidad de que se tome como lesivo a la memoria de un héroe de nuestra patria.

¿Cómo caracterizaría a esta novela como estructura artística?
- En uno de sus niveles es una novela de aprendizaje. Entre otras búsquedas para superar su conciencia infeliz Martín Villar (protagonista de la novela) decide escribir una novela sobre su linaje. Así inicia un aprendizaje de la escritura novelística. Y joven y pedante como es se propone una meta que lo supera: escribir una novela summa.

¿Qué significa este concepto?
- Una novela en que cristalice toda la tradición de la novela como género. Por eso se alude a los clásicos antiguos y a los grandes maestros de la novela, como Dostowieski, Tolstoy, Proust, Joyce, Faulkner. Asimismo hay ecos (a veces en tono paródico) de los grandes de la narrativa latinoamericana: Carpentier, Asturias, Borges, Guimaraes Rosa, Onetti, Rulfo... Y están presentes también nuestros clásicos como Alegría y Arguedas.

¿Cuál es la intención del personaje?
- El desmesurado Martín se propone componer una estructura narrativa con tópicos del realismo crítico, del realismo social, de la novela regionalista e indigenista, pero como un lenguaje moderno. Pretende escribir un libro que sea realista y metarrealista, épico y lúdico, serio, grave, pero también irreverente y jocoso. Como podrás advertirlo, por esos años Martín Villar estaba completamente loco.

sábado, 30 de octubre de 2010

CENTENARIO DE MIGUEL HERNÁNDEZ



La primera lectura que tuve de la poesía de Miguel Hernández sucedió en circunstancias parecidas a las que el poeta tuvo que afrontar y las refiere en algún momento como: “haciendo turismo”. Pero esa lectura fue de un solo poema de Hernández, porque en ese momento no había más y sólo eso había llegado hasta mis manos. Ese único poema fue suficiente para hacerme comprender la valía y trascendencia de su poética, porque me impresionó de tal manera que me dejó con las ganas de leer más, de buscar sus otros poemas y textos, así como averiguar quién y cómo había sido  la vida de este cautivante poeta.
Fue así como, con el transcurso del tiempo, fui indagando sobre él, y cada descubrimiento era un grato acontecimiento que me impulsaba a identificarme con sus versos y su vida. De extracción campesina, supo elevarse hasta los más grandes ideales de su pueblo y su tiempo, hasta devenir en comunista, y como tal, combatió al fascismo en la guerra civil española, llegando a plasmar la mejor poesía social española.
Cómo olvidar Canción del esposo soldado, que de manera clara y directa te decía los sueños y anhelos por un mundo nuevo y en medio de las trincheras. Era conmovedor, como lo es el conjunto de los poemas del poemario Viento del pueblo y el conjunto de su obra poética. Quedan invitados para leer, o volverlo a hacer, la poética de Miguel Hernández.





CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismo muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derecho,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.


               

martes, 19 de octubre de 2010

EN LA PRISIÓN CON MARCOS ANA



Para quienes abrimos los ojos al mundo en los años 70 del siglo pasado, Marcos Ana era una especie de leyenda viviente. Había pasado 23 años en las cárceles de Franco, se había hecho un magnífico poeta entre barrotes y había recorrido el mundo luchando por la amnistía para sus camaradas y la reconciliación de España. Después llegaron los voraginosos ochentas y solo de vez en cuando volví a oír del poeta. Así que fue una enorme y grata sorpresa cuando, auscultando entre las Biografías de la biblioteca de Canto Grande me topé con Decidme cómo es un árbol, su libro de memorias.
Ya no encontré a la leyenda, seguramente porque en el penal de Yanamayo había vivido situaciones semejantes a las narradas en el libro. Pero encontré la experiencia de conjunto de los revolucionarios y comunistas españoles en prisión. Ellos marchan al paredón de fusilamiento con el fuego de la esperanza encendido en sus ojos. Los someten a las peores condiciones de carcelería, pero eso nunca apaga de sus labios la flor de la sonrisa. En verdad, una lectura muy útil, muy aleccionadora. Como todo buen libro, Decidme cómo es un árbol, tiene la virtud de que, narrándote experiencias foráneas, te permite comprender y valorar mejor las tuyas propias.
            Entonces, conforme recorría sus páginas reflexionaba: en largas décadas de ardua brega el pueblo peruano forjó la dirección que lo condujera hacia su emancipación definitiva. Pero justo en la mitad del brillante recorrido, en circunstancias azas complejas (a nivel internacional, nacional, de la guerra y de la vanguardia organizada del proletariado), esa dirección fue apresada. Y concluía que esta particularidad histórica hace que la experiencia de los prisioneros peruanos tenga su propia trascendencia. Y, por supuesto, recordaba a nuestros familiares: nuestro cordón umbilical con el mundo. Estoy seguro de que en su momento, la Historia volverá sus asombrados ojos hacia nuestros padres, hijos, hermanos, compañeras(os) y proclamará su silenciosa heroicidad de décadas. Y concluirá, entonces, que son frutos especiales de un valeroso pueblo, ¡nuestro pueblo!
            Finalmente, me decía: los prisioneros tenemos la tarea ineludible de contar lo que hemos pasado en estos largos años de carcelería y no permitir que la experiencia, principalmente positiva, se volatilice. Las negativas también hay que contarla, por cierto, pero siempre con ánimo aleccionador, como se nos enseñara. Los pueblos del mundo nos esperan a oídos abiertos. El pueblo peruano mismo necesita reconocer a sus mejores hijos. Necesita saber que si sobrepasamos tantas pruebas es porque por nuestras venas corre su historia y en nuestros sueños florece su futuro inexorable. Con nuestros testimonios contribuiremos a hacer realidad ese futuro.
            Ciertamente, no concuerdo con Marcos Ana en su visión sobre la restauración capitalista en la URSS y la caída del Muro de Berlín. Menos aún con su soslayo, al parecer adrede, de la revolución china y el maoísmo. Pero su libro es valioso en tanto entrega la experiencia de quienes no dejaron de combatir aun en las lóbregas mazmorras del enemigo de clase, experiencia que nos sirve ahora que también en el Perú luchamos por la Amnistía General y la reconciliación nacional como parte de una solución política a los problemas derivados de la guerra interna. Finalmente, algo valioso más. Marcos Ana no guarda rencores y no se arrepiente de lo que ha hecho con su vida. A sus más de noventa años no arría sus banderas. Persiste en él su fe en un futuro mundo de igualdad. Desde esta prisión mi saludo y mi agradecimiento por su libro.

Víctor Hernández 


miércoles, 13 de octubre de 2010

EL ARTE Y LA LITERATURA COMO INSTRUMENTO POLÍTICO


     Desde la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS (89-91), que marcaron el inicio de la ofensiva general del imperialismo y del repliegue político general de la revolución mundial, ha arreciado nuevamente la confrontación entre opresores y oprimidos, en torno a la relación entre la política y el arte y la literatura. Como el tema es importante, vemos la necesidad de abordarlo porque, pensamos, la comprensión de dicha relación servirá al desarrollo del trabajo artístico y literario, a que el arte y la literatura cumplan su función en la lucha por una nueva sociedad.

La contradicción en el arte: arte por el arte y arte como instrumento de la lucha de clases

     Los críticos de arte y artistas de las clases dominantes sostienen que la política no debe entrometerse en el arte, que éste debe ser “puro”, “incontaminado” por la política. De este modo pregonan el “arte por el arte”. Por ejemplo, “Vargas Llosa se sintió terriblemente ofendido con la publicación del libro Edición Extraordinaria de Alejandro Romualdo. Mario dijo que eso no se podía permitir porque la literatura no podía ser dominada por intereses extraliterarios”.1 Muy bien. Pero Vargas Llosa no es consecuente con sus ideas. En palabras de José Miguel Oviedo: “La ideología opera en todas las novelas [de Vargas Llosa], en mayor o menor grado, de manera implícita o explícita. [...] En un grupo de las últimas novelas [...] el aspecto ideológico [y político, añadimos] ha saltado al primer plano, pero es un tema que siempre está presente”.2  Y si las palabras de Oviedo no bastan, recordemos la novela La guerra del fin del mundo, en la que Vargas Llosa condena el uso de la violencia revolucionaria por los de abajo, pero levanta los valores de la clase terrateniente en la persona del Barón de Cañabrava; asimismo, Lituma en los Andes, obra en la que denigra no solo la violencia revolucionaria sino también a los obreros y campesinos andinos.
     Si vamos más allá, el uso político de la literatura se repite también en otros escritores burgueses. Bástenos señalar tres ejemplos: La hora azul, de Alonso Cueto; El cazador, de Pilar Dughi; y Encuentro con Dante, de Alonso Alegría. ¿Quién podría negar que son obras que tienen una intencionalidad política? Defienden el sistema actual y atacan a los revolucionarios, incluso recurriendo a falseamientos grotescos.
     Por otro lado, existen artistas y escritores que tratan temas fantásticos, intimistas, abstractos, pregonan el culto al placer, la literatura light, etc.; temas que aparentemente nada tienen que ver con la política. Sin embargo, lo cierto es que este “desinterés por la política” revela que estos artistas y escritores están conformes con el sistema, es decir, revela una posición política. Con sus obras “divierten”, “distraen”, y de ese modo sirven a que el sistema establecido se mantenga. Su conformismo es una forma de sostener el orden social imperante.
     Ahora bien, ¿cómo se explica que Vargas Llosa se ofenda con el uso político de la literatura, pero a la vez se valga de ella para hacer política? ¿Cómo se explica que gente que jura practicar un arte apolítico termine haciendo política? La respuesta, a nuestro modo de ver, radica en lo que afirma Mao Tse-tung: “No existe, en realidad, arte por el arte, ni arte que esté por encima de las clases, ni arte que se desarrolle al margen de la política o sea independiente de ella. [...] El arte y la literatura están subordinadas a la política, pero, a su vez, ejercen una gran influencia sobre ésta.”3 
     La historia del arte y la literatura, desde el surgimiento de las clases sociales, está poblada de obras monumentales que reflejan la sociedad de su tiempo, y son claros ejemplos de que la literatura es un instrumento de la lucha de clases, responde a precisos objetivos políticos. Ahí tenemos la Ilíada que refleja el espíritu del pueblo griego y sirvió a su unidad; la Divina comedia, donde se expresa la lucha por separar el poder vaticano del Estado; El Quijote, que golpea a la feudalidad que había empezado a hundirse, junto con todos sus valores caballerescos, bajo la fuerza del capitalismo naciente; Guernica, que es una estremecedora denuncia de la agresión fascista en España y un bello canto a la resistencia del pueblo español. Ningún espíritu sensible a la vida puede ponerse al margen de los hechos sociales y de los intereses clasistas de su tiempo.
     Entre las obras de artistas y escritores peruanos, bástenos mencionar España, aparta de mí este cáliz, en la que César Vallejo toma posición por las fuerzas progresistas en la guerra civil española y combate el fascismo que amenazaba al mundo; así como Todas las sangres, novela en la que José María Arguedas nos muestra la sociedad peruana, desde los intereses del pueblo y la nación, en el contexto de la lucha campesina de fines de los años cincuenta e inicios de los sesenta del siglo XX, y la aguda contienda con los terratenientes y la acción del imperialismo.
     Por estas razones nos adherimos a la posición de que, en verdad, no existe “arte por el arte”, ni arte que esté por encima de las clases sociales. Quienes siembran apoliticismo en el arte, pretenden esconder su política retrógrada, sectaria, de acallar la crítica y combate al sistema desde el terreno del arte y la literatura, mientras enarbolan las traposas banderas del neoliberalismo, cuando los pueblos y naciones oprimidas del mundo luchan por sus derechos y se preparan para las futuras jornadas por venir.
     Los artistas y escritores del campo popular comprendemos que todo arte y literatura pertenecen a una determinada clase social y están subordinadas a sus intereses. No es posible escapar a este designio. Comprendiendo esta realidad, y en ejercicio de nuestra libertad, nuestro trabajo artístico lo concebimos en función de la lucha del pueblo por su emancipación.
     Abordemos el tema ahora desde otros ángulos, para ahondar en su comprensión.

Arte y realidad

     Los artistas viven en la sociedad y actúan en ella; no pueden ponerse al margen de su tiempo ni de las luchas sociales. Por tal razón, todo artista, de una manera u otra, refleja la sociedad desde una concepción del mundo y asumiendo determinados intereses de clase.
     Los artistas y escritores de las clases dominantes sostienen, con algunos matices, que su trabajo creativo está ligado únicamente a su experiencia individual, a su mundo interior; y si reflejan el mundo exterior lo deforman, lo convierten en irreal, o, a lo más, reflejan parcial o episódicamente la realidad, debido a sus intereses de clase. En este sentido resulta expresivo la opinión de Iván Thays: “Cueto y Ampuero son los escritores que retratan la realidad limeña”,4 como si Lima empezara y terminara en los barrios residenciales que retratan dichos escritores; en todo caso, se trata solamente de la Lima de la minoría.
     Las ideas, los pensamientos son reflejo (fiel o distorsionado) de la realidad material. Y como cada persona ocupa un determinado lugar en la producción (como burgueses u obreros, campesinos o terratenientes, etc.), sus ideas y pensamientos están teñidos por la política, por los intereses de la clase social a la que pertenece o de la que defiende. Lo que algunos artistas burgueses consideran “su experiencia” refleja, de una manera u otra, la visión de la clase por la que han tomado posición; “sus obsesiones profundas” son las que corresponden, en mayor o menor medida, a las de su clase social. Por ejemplo, Vargas Llosa, en Lituma en los Andes, distorsiona el mundo andino y a sus hombres a fin de combatir la revolución; la pintura abstracta, que refleja las “interioridades” de sus autores, expresa el pesimismo y la falta de perspectiva de la burguesía; o los cuadros de Tola, de los ochenta, reflejan el temor de las clases dominantes frente a una amenazante guerra popular. En cambio, cuán diferente es el tierno manto andino tejido por José María Arguedas en Yawar fiesta o Los ríos profundos.
     Para nosotros, la vida social del hombre es la única fuente del arte y la literatura. Y la vida del pueblo es la más rica en matices, como son también los sentimientos profundos que impulsan a sus hijos en su lucha por un mundo mejor.
         Es cierto que la obra de arte solo comprende una parte de la realidad. No puede abarcar toda. Es imposible. Sin embargo, ella expresa aspectos esenciales de la vida social entera, en sus proporciones correctas, en sus contradicciones fundamentales, en la dirección de la historia. De manera que lo que se compara entre arte y realidad no son los detalles, sino totalidades; y la obra, como reflejo de una parte de la realidad, debe superarla en intensidad, en generalidad. La vida reflejada en las obras artísticas y literarias debe estar en un plano más alto, ser más intensa, más concentrada, más típica, de esta manera resultar más universal que la realidad de la vida cotidiana, como nos enseña el maoísmo. El arte no es, pues, la reproducción o reflejo naturalista, fotográfico de la realidad, porque este reflejo resulta superficial y no penetra en las esencias. Se requiere de la imaginación, de la fantasía, para penetrar en las profundidades de la realidad y extraer lo sustancial a partir de un fragmento de la realidad. En este proceso, los artistas y literatos expresan su concepción del mundo, sus simpatías y antipatías políticas, así como los  intereses económicos que defienden.
     El arte que trasciende da siempre forma a hombres concretos en situaciones concretas, con sentimientos concretos, hasta la materialización de personajes típicos, con caracteres típicos y en situaciones típicas; refleja en la totalidad de la obra un típico estadio de la sociedad y su sentido histórico. Así, la creación de grandes figuras típicas, como Odiseo, Fausto o Pedro Besukov, por ejemplo, es indesligable de las características típicas de la sociedad que las engendró, a través del genio creador del artista.
     Entonces, los artistas que nos identificamos con el pueblo, debemos poner la política al mando en nuestro trabajo creativo para elevar los fenómenos cotidianos hasta lo general, tipificar las contradicciones y luchas existentes en la sociedad; de esta manera crear obras capaces de despertar a las masas, inflamarlas de entusiasmo e impulsarlas a la unidad y a la lucha para transformar el mundo. Así servir a la lucha del pueblo desde el terreno del arte y la literatura.

Política,  libertad creativa y militancia

     Con frecuencia se escucha que es riesgoso o perjudicial poner el arte al servicio de una determinada política. Pero, veamos, ¿la política constriñe la libertad de creación y perjudica el arte?
     En el caso de la política burguesa esto es cierto, porque ésta manda defender el sistema, y no puede haber nada más castrante que defender un sistema caduco, un orden en hundimiento. Al defender el orden, el artista burgués necesariamente falsea la realidad. Si no lo hace, mostraría todas las miserias esenciales del sistema y la necesidad de transformarla. Entonces, por intereses políticos, están constreñidos a mostrar fenómenos, anécdotas, visiones parciales, y hacerlo pasar por la realidad. Además, la libertad creativa del artista burgués es una libertad supuesta, porque depende del dinero de la burguesía, del mercado creado por su gusto mediocre. Por esta razón, por ejemplo en Lima, la pintura abstracta es la que predomina porque es la que más compran hoy los burgueses; o a nivel mundial, prolifera la literatura light, promovida por los monopolios editoriales, así como la metaliteratura y la literatura fragmentada, ya que, según las clases dominantes, en la “postmodernidad” las ideologías han caducado, como también los ideales y preocupaciones sociales por construir un mundo mejor, y solo queda pregonar el individualismo a ultranza, desviar a la juventud con el culto al placer y, tras el cosmopolitismo proimperialista, socavar la lucha nacional.    
     En cambio, ponerse bajo la guía de la política proletaria permite desarrollar la creatividad artística. El Presidente Mao enseña: “[El arte en la China socialista] debe reflejar las características de los tiempos y de la nación. Al tratar de lograr esto no deberíamos evitar la experimentación. […] No queremos la uniformidad absoluta. La uniformidad lleva a escribir en fórmulas.”5 Asimismo, sostiene que “para promover el desarrollo del arte […]. Pueden desarrollarse libremente distintas formas y estilos en el arte [...]. Consideramos que es perjudicial al desarrollo del arte […] recurrir a medidas administrativas para imponer un particular estilo de arte […] y prohibir otro”.6
     La causa del pueblo es una tarea inmensa, y queda mucho por hacer; de ahí que requiere la máxima energía, la máxima creatividad. Requiere que el artista y el escritor desplieguen todas sus potencialidades para investigar el pasado para que sirva al presente, lo viejo a lo nuevo y lo extranjero a lo nacional; investigar para abordar nuevos temas, experimentar nuevas formas y técnicas. Exige estudiar las leyes de la creación artística y literaria y así dotarse de una sólida teoría y aportar a la especificación de dichas leyes para nuestro trabajo concreto; exige estudiar la sociedad y sus leyes para así reflejar sus contradicciones sustanciales y el sentido de la historia, así como para darle forma nacional a sus obras.
      Por otro lado, se dice que la militancia partidaria limita, restringe la libertad de los artistas. Más aún, a los comunistas se les endilga promover un arte dogmático, en base a “normas”, a “recetas”, a “patrones” impuestos autoritariamente. Respondemos con la práctica de los artistas que asumieron la ideología y política proletarias, incorporándose a las filas de la vanguardia organizada de la clase obrera. Ahí tenemos a nuestro César Vallejo, innovando la poesía, a Bertolt Brecht haciendo lo propio en teatro, a Serguei Eiseintein transformando el cine en arte, a David Alfaro Siqueiros dando nuevos rumbos a la pintura, para citar sólo a algunos de los más destacados. Ya César Vallejo concluyó al respecto: “El tipo perfecto de intelectual revolucionario, es el del hombre que lucha escribiendo y militando simultáneamente”.7
          Lo que ya vimos en la historia. Como dice José Carlos Mariátegui: “En los periodos tempestuosos de la historia, ningún espíritu sensible a la vida puede colocarse al margen de la política. [...] Dante intervino ardorosamente en política y esa intervención no disminuyó, por cierto, el caudal ni la prestancia de su poesía”.8 Asimismo Engels, acerca de los grandes artistas del Renacimiento dice: “lo que sobre todo los distingue es el hecho de que casi todos ellos vivían y se afanaban en medio del torbellino del movimiento de su tiempo, entregados a la lucha práctica, tomando partido y peleando con los demás, quiénes con la palabra y la pluma, quiénes con la espada en la mano, quiénes empuñando la una y la otra. De ahí aquella fuerza y aquella plenitud de carácter que hace de ellos hombres de una pieza.”9    
     Lo planteado no implica que preconicemos solo el arte proletario y nos opongamos a que el pueblo desarrolle su arte. Lo que nos preocupa es que el arte y la literatura proletarios no se expresan aún como debieran, frente a un arte popular masivo, especialmente del campesinado y la pequeña burguesía, que requiere del rumbo político del proletariado para que sirva mejor a la nación y a la lucha contra el imperialismo.
     Entonces, queda demostrado, a la luz de la práctica que es criterio de verdad, que poner la política proletaria al mando del trabajo artístico y literario, o asumir la militancia partidaria, no constriñen la creatividad, no implican esquematismo ni la imposición de normas rígidas. En contra de lo que imputan los burgueses, la ideología y política proletarias potencian la creatividad y permiten desarrollar el arte y la literatura, innovándolas. Y es que, como ha sucedido en la historia del arte, sus figuras más grandes son aquellas que frente al nuevo contenido, generaron nuevas formas, dando nacimiento a un arte nuevo.

La política guía el arte y la literatura
    
     El arte es el reflejo de la realidad en el cerebro de los artistas, de acuerdo a su experiencia social, quienes lo materializan en sus obras a través de imágenes artísticas y aplicando las leyes de la creación artística. Y por medio de sus obras, las ideas y la intención del artista son asequibles a la percepción de los hombres y son capaces de influir en ellos. Resaltando la belleza de unas cualidades y la fealdad de otras, el arte influye sobre los hombres; esto es, con medios estéticos cumple su función social.
     La política es la lucha de clases por el Poder; la lucha entre explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos, por conquistar, defender o mantener el Poder.
     En esta lucha, las clases sociales emplean diversas armas. Una de éstas es el arte. De manera que éste es un instrumento político. Desde que existen las clases sociales siempre lo ha sido. Lo que sucede es que todas las clases explotadoras en su decadencia pregonan la independencia de la política respecto al arte y ponderan la forma artística.
     Visto así, el arte está subordinado a la política. Ésta le guía, y las clases sociales lo emplean en su lucha por el Poder político. Por tal razón, cuando se hace equivaler el arte a la política se resbala en propaganda, en cliché, lo que no permite plasmar una obra artística. Ello revela empirismo; en unos por desconocimiento de las leyes de la creación artística y, en otros, por dogmatismo, por falta de creatividad. La mente dogmática, por ser floja, no crea, se limita a trasladar las consignas políticas al papel. La concepción proletaria la empuñamos para comprender el mundo, la sociedad y sus contradicciones, el arte y la literatura, y no con el fin de escribir disertaciones filosóficas en nuestras obras artísticas y literarias. El método de creación permite construir una obra artística a partir de la realidad, y reflejar sus contradicciones internas con sentido histórico.
     El arte tiene un contenido ideológico y un contenido político, que en la obra de arte se expresan bajo forma sensible; y es esta sensibilidad estética la que mueve la conciencia. Para ello, hay que llevar la política al arte de un modo natural, interno, según leyes específicas, no de un modo artificial, externo. En concreto, implica aplicar lo que enseña Engels: “Vale más para la obra de arte que las opiniones (políticas) del autor permanezcan escondidas”; 10 que “la tendencia [política] debe resaltar de la acción y de la situación. Sin que sea explícitamente formulada, y el poeta [y artista en general, añadiríamos] no está obligado a dar al lector la solución histórica futura de los conflictos que describe. [...] en mi opinión, una novela de tendencia socialista llena perfectamente su tarea cuando, por una pintura fiel de las relaciones reales, destruye las ilusiones convencionales, rompe el optimismo del mundo burgués, constriñe a dudar de la perennidad del orden existente, aunque el autor no indique directamente solución, aunque, dado el caso, no tome ostensiblemente partido”.11 Y que resulta reprobable “entre los literatos de segunda categoría, suplir la mediocridad de sus productos con alusiones políticas, seguros de llamar la atención”.12

Poner la política al mando en contenido y forma

     La obra de arte está constituida por dos aspectos de una unidad dialéctica: contenido y forma, entre los que debe haber correspondencia en el más alto nivel posible.13
     ¿Cómo probar que el contenido de una obra está bajo el mando de la política? La idea básica de una obra, la historia, el perfil de los personajes, etc., están subordinados a la concepción del mundo y los intereses políticos del autor, así no sea conscientemente. El contenido es una manifestación del pensamiento del artista, de su consciencia de la realidad y de su ubicación dentro de la sociedad, de si es explotado o explotador, oprimido u opresor. Por tal razón, el contenido obedece a una política determinada. Por eso, artistas ubicados en campos opuestos de la sociedad tienen enfoques diferentes sobre un mismo tema. Así, el tema de la nación en el Perú es abordado de una manera por Vargas Llosa, en Lituma en los Andes, y de otra, opuesta, por José María Arguedas, en Todas las sangres; no simplemente porque las historias son diferentes, sino debido a las concepciones antagónicas de los autores y su intencionalidad política; de ahí que, por ejemplo, los campesinos y obreros denigrados por el primero, son los héroes del segundo, y viceversa.
     Visto así, somos de la opinión de que el contenido de nuestras obras debe situarse siempre dentro de las exigencias de la lucha de clases, en un momento concreto; mostrar las aspiraciones de las masas populares, sus ideas, luchas, heroísmos, victorias y aleccionadores fracasos, las experiencias y enseñanzas de cada jornada, de cada paso hacia la consecución de la meta de la humanidad.
     En cuanto a la forma, es extendida la opinión de que ésta es un problema de técnica e independiente de la política. Pero, ¿cómo se manejan los aspectos formales? El tipo de lenguaje artístico empleado, los recursos materiales figurativo-expresivos aplicados, la estructura, la composición, el montaje y todos los elementos que constituyen la forma, evidencian la sensibilidad, el alma del artista. Como dice César Vallejo: “la técnica […] pone siempre al desnudo lo que, en realidad, somos”; y concluye: “Dime cómo escribes y te diré lo que escribes”.14 Visto así, la forma, y la técnica dentro de ella, no se presta a la falsificación ni a la simulación. Evidencian la verdadera sensibilidad de un hombre, ponen al desnudo lo que en realidad somos y sentimos, revelan nuestra personalidad, nuestras intenciones, nuestros intereses de clase.
     Si vemos el lenguaje literario, el empleado por los escritores del pueblo es el castellano peruano que se va concretando, un lenguaje creado y enriquecido por las masas populares, en el que late el espíritu nacional; mientras que el empleado por los escritores burgueses está dominado por un cosmopolitismo proimperialista, y cuando pretenden emplear el lenguaje de las masas lo hacen despreciativamente. De manera similar, en el medio ambiente retratado, los primeros ponen de manifiesto la vida del pueblo y las particularidades de la nación en forja, mientras que los segundos, tras ese cosmopolitismo, si no huyen hacia escenarios europeos o norteamericanos, observan la realidad del país con el cristal de sus amos imperialistas. De esta manera evidenciamos que la política está al mando del lenguaje literario y artístico, como de todos los elementos formales.
     Los artistas burgueses copian las formas artísticas del extranjero. En cambio, quienes hacemos obras para las masas populares y tomamos las particularidades nacionales, asimilamos lo extranjero con espíritu crítico, para que sirva a lo nacional, así como lo viejo a lo nuevo y el pasado al presente. Lo que nos permite separar el grano de la paja es la política. De manera que los colores y matices que usemos, el lenguaje que empleemos, la composición y estructura que demos a las obras, los tipos de recursos expresivos que usemos, el cómo abordemos el montaje de nuestras obras, etc., etc., todos los elementos formales están bajo la guía de la política, están en función del contenido que pretendemos transmitir, del efecto que buscamos en nuestro público.
     Lo visto lleva a preocuparnos y esforzarnos por echar raíces profundas en la ideología y política del proletariado, de manera que lo expresemos en el contenido y la forma de nuestras obras.
     Por estas razones nos reafirmamos en la gran condensación y directriz establecida por el más grande maestro del proletariado peruano: “Poner la política al mando en arte y literatura es poner la política al mando tanto en el contendido como en la forma; la cuestión no es ‘contenido político’ y ‘forma artística’ como si la ‘forma artística’ escapara a la política.”

     Todo lo expuesto está sintetizado por Mao Tse-tung en los siguientes términos:

     En el mundo actual, toda cultura, todo arte y literatura pertenecen a una clase determinada y están subordinadas a una política determinada. No existe, en realidad, arte por el arte, ni arte que esté por encima de las clases, ni arte que se desarrolle al margen de la política o sea independiente de ella. [...] El arte y la literatura están subordinadas a la política, pero, a su vez, ejercen una gran influencia sobre ésta.15
   
     La política no equivale al arte, ni una concepción general del mundo equivale a un método de creación y crítica artísticas. [...] [En] toda sociedad de clases, cada clase tiene sus propios criterios político y artístico. Pero todas las clases, en todas las sociedades de clases, siempre colocan el criterio político en primer lugar y el artístico en el segundo. [...] Lo que exigimos es la unidad de la política y el arte, la unidad del contenido y la forma, la unidad del contenido político revolucionario y el más alto grado posible de perfección de la forma artística [...]. Por progresista que sea en lo político, una obra de arte que no tenga valor artístico, carecerá de fuerza. Por eso nos oponemos, tanto a las obras artísticas con puntos de vista políticos erróneos, como a la creación de obras al ‘estilo de cartel y consigna’, obras acertadas en su punto de vista político pero carentes de fuerza artística. En el problema del arte y la cultura, tenemos que sostener una lucha en dos frentes.16

Conclusiones y tareas

     De lo expuesto y fundamentado, concluimos: El arte y la literatura son instrumentos políticos, son instrumentos de la lucha de clases por el Poder. Los artistas y escritores del pueblo debemos preocuparnos por comprender teórica y prácticamente, y, de este modo, usarlos abiertamente; solo así podremos servir a que el pueblo se prepare para las futuras jornadas por venir. Actuar conscientemente poniendo la política al mando, demanda estudiar la realidad bajo la luz de la concepción científica del proletariado, así como las leyes de la creación para reelaborar la realidad. Preocuparse por la repercusión de nuestras obras en las masas populares y ver si cumplen su función social.
     El país ha vivido una guerra interna, hecho de indudable trascendencia histórica, y las heridas abiertas en el enfrentamiento, que involucran al conjunto de la sociedad, no terminan de cerrarse por responsabilidad de las clases que detentan el Poder. Esta realidad demanda una solución política, una amnistía general en función de la reconciliación nacional, a cuya concreción debemos servir con nuestro trabajo artístico y literario. Parte de la situación pendiente es que la legislación de tiempos de guerra se mantiene en lo sustancial y, pese a que la guerra ya concluyó, se la extiende a la protesta popular. De ahí la importancia de la brega, desde el arte y la literatura, por los derechos fundamentales, dentro del nuevo momento de la lucha popular que vemos reimpulsarse por acción de la masas que han elevado su conciencia política al influjo del movimiento de transformación más grande que hemos vivido.
     Como parte de esta brega se encuentra la bandera de lucha por los derechos del arte y de los artistas, para servir a preparar el terreno para el futuro del pueblo. Lo que demanda: Defender nuestro arte tradicional, nuestro arte popular y nuestro arte proletario, para desarrollar nuestra nación contra el dominio imperialista, principalmente yanqui; por ello, es necesario que todas las clases sociales que conforman el pueblo hagan su arte, desplegando creatividad y bajo el mando de la política. Desarrollar el arte proletario como directriz y el arte popular como base; y contraponerlos al arte de las clases dominantes. Sacar lección de lo avanzado en el mundo y en el país, especialmente de los tiempos de guerra interna. Esforzarse por que no sea repetición ni copia, que sea lo propio y lo nuevo, que exprese la nación en formación, la lucha contra las tres montañas que oprimen al pueblo: el capitalismo burocrático, la semifeudalidad y el imperialismo, y a la vez exprese lo nuevo, la perspectiva, la meta.
     Vivimos la era de las grandes transformaciones sociales. Actualmente, tanto en el país como en el mundo, la bruma se despeja gracias a los nuevos vientos de lucha popular, que con el correr de los años, a no dudarlo, irá gestando y produciendo grandes y más altas olas que transformarán la faz de la Tierra. Nuestro destino, como trabajadores del arte de las filas del pueblo, es indesligable de este proceso. Nuestra responsabilidad consiste en prepararnos conscientemente para cumplir nuestro papel al servicio de las futuras jornadas por venir, empleando el arte y la literatura como instrumento de la lucha de clases, poniendo la política proletaria al mando.

Walter Vargas Cárdenas
Abril 2010



1        En Artes y Libros, Nº 12. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, diciembre 2005.
2        En Fama, de La República, Lima, 22 abril 2001.
3        Mao Tse-tung. Obras Escogidas, T. III. Pekín: Ediciones de Lenguas Extranjeras, 1972, p. 85.
4        En La Primera, Lima, 25 de febrero de 2006.
5        Mao Tse-tung. Conversaciones con trabajadores de la música, 1956.
6        Ídem, Cinco tesis filosóficas. Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1971, p. 207
7        Vallejo, César. El arte y la revolución. Lima: Mosca Azul Editores, 1973, p. 15.
8        Mariátegui, José Carlos. Signos y obras. Lima: Editora Amauta, 1978, p 125.
9        Engels, Federico. Dialéctica de la naturaleza. México: Grijalbo, 1961, p. 4.
10    Ídem. Carta a miss Harkness. 1888.
11    Ídem. Carta a Minna Kautsky. 1885.
12    Ídem. El Estado prusiano. 1851.
13    Nueva Crónica, Nº 2. Lima, 2007, pp. 3-6.
14    Vallejo, César. Ibídem, pp. 67, 68.
15    Mao Tse-tung. Obras Escogidas, T. III. Pekín: Ediciones de Lenguas Extranjeras, 1972, p. 85.
16    Ídem. Ibídem, pp. 88-89.